Hola!!! Muchas gracias por visitarme, espero que disfrutes mi blog, ya que soy nueva en esto! ^^ en breve iré subiendo muchas más cosas!! Saludoooos

lunes, 5 de marzo de 2012

Mi primer relato



Una Loca entre cuerdos y ese taxi

            Me siento preparada, ahora lo sé, hablar sobre lo que me ha pasado, ya que ahora me lo creo más. Mi nombre es Nora y tengo 22 años, mi vida ha sido sencilla y muy normal, ¡vamos!, como la de cualquier otra joven de mi edad. Pero me veo una pega enorme, y es que me falta confianza en mí misma aunque sea solo para decirle que le quiero. Ahh… eso es lo único que hago, suspirar porque me siento “poca cosa” para él y quiero lanzarme. Veo como mi mundo evoluciona, como las personas cambian y como crecen y se sienten cada vez más seguras, me siento como una loca, ¡sí, sí! como una loca en un mundo de normales, de cuerdos y solo pienso que me siento diferente, siempre escribiendo en mi ordenador o en mi cuaderno, sumergida en otros pensamientos de mundos irreales y en imágenes que, me parece a mí que solo yo comprendo.

            Una tarde le encontré, Alan, se llama Alan; es apenas un año mayor que yo. Se encontraba con sus amigos en la esquina de un estanco y casi apenas le pude ver, ya que la velocidad de mi paso y la leve mirada que eché tímidamente al seguir mi camino mientras abrazaba mi bloc, no me dejaron ver mucho, solo escuché risas y tonos de conversación típica de los jóvenes sobre chicas y fútbol
– ¡Hey tío!, ¿vistes el partidazo de hace dos días? – Le pregunta con aires de grandeza Johny, un colega suyo de hace poco. Alan sonrió y hablaron sobre los goles.

Mientras, al lado había dos chicos mucho más jóvenes pero desconozco qué relación tienen con Alan, supongo que colegas del equipo o de clase. Él no se acuerda de mí a pesar de que estudiamos juntos varios años en el instituto – Ah, no quiero hablar de esa época–.

            Creo que Alan y yo no tendríamos futuro, no sabe quién soy, no me atrevo a decirle quien soy, no quiero que piense que soy una “rara” aunque seguramente sea así. Después de varios días sin saber de él y sin haberle visto, parece ser que por fortuna, la vida hizo que este ángel de chico me diera una señal; bueno, serán casualidades de esas buenas de la vida, pues ayer estuve esperando un taxi fuera del centro comercial donde me compré maquillaje para empezar a cambiar, para sobresaltar algo de  mí y empezar a  destacar sin ser “un bicho raro”, miraré videos en Internet sobre como maquillarme.

            Me sobresaltó una voz, sí, su voz detrás de mí, mientras me encontraba sentada en el banco de la acera cargada con algunas bolsas. Hablaba por teléfono móvil y también pedía un taxi, cuando colgó y se sentó al lado mío sentí un pequeño escalofrío y el olor de su perfume me hacía desearle aún más. Fue al cabo de unos pocos minutos, cuando se dirige hacia mí:


–Ehm… hola-  Dijo tímidamente. – ¿También esperas un taxi?–
Yo no sé qué me sucedió y ni porqué, quizás pude sonar hostil.
– ¡Sí! ya llevo un rato esperando– Le dije mirándole a los ojos directamente levantando los hombros.
Pero lo que me costó creer fue cuando a mi respuesta clava sus ojos en mí y con el ceño fruncido me dice:
–Oye, ¿Tu nombre es Nora? Creo vives dos calles más abajo y estabas en mi clase ¿no?

            Imaginar mi cara es cómico, ¡me conocía!, llevo todo este tiempo pensando en él, hace unos años que me gusta y siempre me infravaloré pensando que alguien como Alan no se fijaría en mí ni para comprarle pan.

–¡Sí, sí, me llamo Nora! Y también vivo dos calles abajo y estuvimos en clase justos hace unos años–. Les respondí con una gran sonrisa colocándome el pelo detrás de la oreja.

¡Maldita sea! el taxi llegó y rompió mi cuento, mi momento. Eso fue lo que pensé hasta que Alan se levantó y me dijo que si iba a mi casa, que subiera, que él también iba a la suya y como vivíamos cerca…
Mi mente y mi cuerpo no responden a la misma vez, ¡Dios mío, no me lo creo!, oigo música en mi cabeza, pero físicamente muestro mucha indiferencia, me gusta esta parte de mí.

–Sí, claro–  Accedí y entré en el coche.

      Lo que iba a resultar un día como otro cualquiera en el que al llegar a mi casa me pusiera de nuevo con el ordenador, o sacar fotos desde mi jardín al atardecer, o coger un libro o hablar con mi madre sobre el día de hoy; resultó ser el día especial (me encanta titularlo así). Alan y yo nos pasamos los cinco kilómetros de camino hablado, me solté y no sé ni cómo. Cuando llegamos y pensaba que me iba a despedir, me dijo que si nos quedábamos hablando un poco más, que no tenía nada que hacer y que si me apetecía quedarme.

Llegaba ya la oscuridad de la noche, casi seis horas estuvimos hablando en total, en los silencios intercambiábamos miradas y risas por algo que veíamos en la calle.

–Nora– Me dijo cuando bajé la cabeza un momento–. Me tengo que ir, que es tarde y mañana ayudo a mi padre a pintar la casa desde temprano.

       Yo no quería que esto acabara, me puse seria y casi sin respiración: - Sí, lo entiendo, yo también me tengo que ir – Mentira. No me tenía que ir, no quería, pero ¿qué otra cosa podía hacer o decir?

–Me alegro de haber hablado contigo, en serio– Dijo Alan con una leve sonrisa.

–Hacía tiempo que no sabía de ti y siempre nos hemos saludado sin poder conocernos mejor–.

Esa es la frase, “conocernos mejor”, ¿se referirá a algo más? No puedo pedir mucho, este día ha sido maravilloso y debo decírselo. Se estaba levantando ya y sacudiéndose las manos de estar apoyado y sentado en el bordillo de la acera.

– ¡Alan!, espera– Le dije mientras me levantaba quitándome las bolsas de compra de encima. Me lancé sin timidez, como si fuéramos amigos de toda la vida

– Gracias por la tarde de hoy, me gustado hablar contigo –. Me acerqué a su cuerpo y me puse un poco de puntillas, le di un beso en la mejilla al que él también me respondió.

            Todo quedó en un hasta mañana, y ¿quién sabe? puede que en un tiempo quede en algo más.